ARTURO JIMENEZ BORJA: FAZ MÉDICA
Por: Javier MariáteguiLa personalidad polifacética del Arturo Jiménez Borja y su obra original en los vastos campos del saber a los que ha aplicado su inteligencia diferenciada y sus talentos específicos, es tarea que escapa a los alcances, modestos, de estas líneas, que se centran en un examen somero de la faz médica de su biografía. Esta es menos conocida por quienes lo han seguido, en las últimas décadas de su fecunda vida, que se han limitado a recordar que fue médico ejerciente, buen clínico y acertado terapeuta, en el antiguo Hospital Obrero de Lima (Hospital Nacional "Guillermo Almenara", del Instituto Peruano de Seguridad Social), durante treinta años. Menos conocida es larga labor en el Hospital 2 de Mayo, donde fuera asistente de la Cátedra de Clínica Médica que conducía el casi legendario profesor Sergio Bernales. He dicho que don Arturo fue medico ejerciente, pero sólo en el ámbito del hospital. Nunca en la "practica civil", como se llamaba antes a la medicina de consultorio; y desde siempre escuche decir que AJB era médico en la mañana, arqueólogo en la tarde, y el resto del tiempo, hombre de artes y letras.
En esa Cátedra, por muchos años, dictó el curso de Terapéutica, en los tiempos en que ésta se renovaba por lo progresos de la medicina. Fui su alumno del curso, que se dictaba al estilo impuesto por el profesor Bernales, esto es, no eran expositivas sino de interrogatorio de los alumnos sobre determinado tema, que era complementado después por el profesor. "Método Socrático" lo llamaba, hiperbólicamente, el temido profesor, más recordado como el "Negro Bernales". Como eran tiempos de aparición reciente de los nuevos antibióticos, que no figuraban en los manuales de consulta, había que recurrir a las monografías preparadas por los laboratorios, búsqueda nada fácil para alumnos muy requeridos por la exigencia de ése y los demás cursos. Cuando el alumnado no se sentía preparado en el tópico, pedía a don Arturo que desarrollara algún aspecto de la Psicoterapia, principalmente los aspectos de patología psicosomática entonces novedosos. Atendiendo a esta demanda, nos permitió revisar los aspectos psicoterapéuticos de la hipertensión arterial, la úlcera péptica, el asma bronquial, el colón irritable y la colitis ulcerativa, entre otros tantos que llenaban la hora sin exponernos los alumnos a disertar sobre otros asuntos, más prosaicos y aburridos, del arte de la terapéutica. Pocos sabían que le dábamos a don Arturo en la yema del gusto, pues era un médico con sólida formación psiquiátrica, conseguida la lado del Dr. Honorio Delgado.
Pero para terminar la revisión de su paso por el Hospital 2 de Mayo, debe recordarse que por años fue Jefe de Redacción de la revista Actualidad Médica Peruana, que se publicaba con la dirección de Sergio Bernales y un grupo distinguido de especialistas de ese importante centro asistencial entonces a cargo de la sociedad de Beneficencia Pública de Lima. Las labores de Jefe de redacción se extendían a requerir el material, ordenarlo en las secciones fijas de la revista, y quizás lo más importante, la revisión estilística, esto es, hacer publicable, en buen castellano, las cuartillas de contenido interesante pero escritas con el apremio y el desaliño que los médicos ponen en casi todo lo que hacen. Excelente escritor, de estilo claro y ameno, Jiménez Borja nos recordaba a su hermano José, insigne gramático, que en pre-médicas "desasnaba" a jóvenes recién egresados de los colegios que tenían poca simpatía por la siempre mal enseñada Gramática Castellana.
En los años finales de sus estudios médicos, Arturo Jiménez Borja se acercó al Hospital "Víctor Larco Herrera", al pabellón Nro. 2, jefaturado por el Maestro Honorio Delgado. Una recóndita vocación psiquiátrica lo llevó al lado del Maestro, a quien acompañaba en las visitas, prestando valiosa colaboración en el ordenación de los dibujos de los enfermos mentales que se atendían en ese Servicio. Honorio Delgado había instituído, desde su ingreso al Hospital en abril de 1920, el dibujo y la pintura espontáneos en los pacientes. Una vez me contó Don Honorio que entonces el Asilo Colonia de La Magdalena retenía a sus médicos desde muy temprano en la mañana hasta las cinco de la tarde, en que proporcionaba movilidad para el regreso a Lima. Los médicos, de todas las categorías, se encargaban también de las guardias. Entonces Magdalena del Mar parecía estar distante y los médicos tenían excelentes sueldos que no los presionaban, como sucedería después, a regresar a los consultorios para completar el presupuesto familiar básico.
De modo que había mucho tiempo para atender sin prisa a los pacientes, hacer largas historias clínicas, ensayar nuevos procedimientos terapéuticos que venían entonces de Europa. El filántropo Larco Herrera daba comodidades a los médicos, surtía la biblioteca de las novedades de la literatura especializada, y hacía lo posible por retener, a gusto, a los profesionales, en una especie de "población cautiva". Cómo sería de atractivo el Asilo que los principales médicos asistían inclusive los domingos, para participar en el "ágape intelectual" de las reuniones en el amplio ambiente que el Director, Don Hermilio Valdizán, había construido como biblioteca, anexo a la casa del director, que era el residente que más tiempo permanecía en el Asilo. Ahí se escuchaba comentarios sobre temas científicos y literarios, se leía poemas, se revisaba libros, y al termino de la reunión se disfrutaba del buffet que el generoso Don Hermilio invitaba y que él, sujeto a dieta estricta, no probaba.
Volviendo a Arturo Jiménez Borja, éste se ocupó en el Pabellón 2 de la pinacoteca, tan afín a su sensibilidad de artista, y puso en orden los dibujos de los enfermos. De esta tarea salió su tesis de bachiller Iconografía Esquizofrénica, que debe ser uno de los primeros trabajos en el mundo sobre el tema. Se publicó como artículo original en la Revista de Neuro-Psiquiatría (1938); también dio a la estampa el texto Historia e Iconografía de un Esquizofrénico (1939), donde analizó los dibujos de un paciente durante su evolución clínica. Dos textos de este tipo se publicaron en la original revista "3", dirigida por AJB, José Alfredo Hernández y Luis Fabio Xammar: Formas simples de el dibujo de los Esquizofrénicos y Primitivismo en la Iconografía de los Esquizofrénicos. Varias recensiones de los primeros números de la Revista de Neuro-Psiquiatría también son de su autoría. Con las actividades en el Hospital Obrero, su asistencia al Larco Herrera se hizo menos asidua. Pero nunca se extinguió su interés por la medicina mental y su inclinación psicognóstica de "médico de almas".
Con su cese en el Hospital Obrero después de 30 años de servicios, AJB dio por concluida su etapa médica, para dedicarse exclusivamente, "sin que el oficio interrumpa" (J.F. Valega), a las pasiones de la vida. Sólo relataré, a modo de coda, una anécdota de sus visitas en ese hospital, contada por él mismo: lo acompañaban los internos y al llegar a la cama de un enfermo, de procedencia andina, éste solicitó se le diera algo para aliviar los dolores corporales. Resulta que había soñado que se caía del segundo piso y se había despertado con mucho dolor. De inmediato don Arturo ordenó se le hiciera una frotaciones en las zonas dolorosas. Los internos quedaron sorprendidos por esta disposición y uno comentó: no es que se haya caído de veras, sólo lo ha soñado, de modo que la indicación de las frotaciones parecía extraña. Explicó don Arturo: en la mentalidad aborigen, lo vivido y lo soñado no están tan claramente separados como en la vida cotidiana de la cultura llamada occidental, de modo que una queja de este tipo debe atenderse puesto que para el paciente es un legitimo reclamo. Este es un ejemplo práctico del conocimiento del mundo aborigen en el ejercicio médico cotidiano.
Arturo Jiménez Borja fue incorporado como Miembro Titular de la Academia Nacional de Medicina con un trabajo titulado Formas de Pensar Aborigen, que aduna su primigenia vocación psiquiátrica con su permanente interés por el hombre del Antiguo Perú y el supérsitite actual, el andino y el mestizo a predominio indígena, su psicología, presencia y paisaje, su vida cotidiana, en especial su maravilloso imaginario expresado en alfarería, vestidos, instrumentos musicales, máscaras, en fin el hombre peruano, su entorno y su obra. He propuesto a la Academia una Mesa Redonda con este título: "La contribución de AJB al estudio del ethos Andino", que destaca lo esencial de su obra médica y su vocación peruanista.